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¡QUE MIERDA!

reflexion psicologica

Me llamo Laura, hace unos quince años que me licenció en Psicología y antes de ejercer como tal estuve nueve años en un centro de menores. Soy del sector social, del sanitario, de los que trabajamos para las personas, porque tenemos una vocación dentro que nos empuja a la ayuda de los demás, sea de la manera que sea, tenga el coste que tenga.

Confinada en mi casa, estoy escribiendo estas líneas, no como artículo psicológico ni como parte informativo, sino simplemente desde lo que pienso y siento, desde mi propia experiencia, intentando poner palabras a lo que creo que muchos de nosotros sentimos, pensamos y que estamos compartiendo.

Estamos en un momento irreal y de confusión por todos nosotros, por todo el mundo, donde todo ello me hace pensar que está pasando, por qué estamos aquí y qué ocurre. ¿Cuál es la normalidad en este mundo que vivimos? ¿Qué es realmente importante? ¿Y qué haremos después? ¿De qué cojones va nuestro sistema capitalista y nuestra sociedad ?? Qué controlamos de nuestras vidas?

Hace una semana prescindían de mí en uno de mis trabajos de autónoma, me ofrecían un trabajo con unas condiciones de precaución al contagio dudosas, ingresaban mi tío en la UCI y se moría la abuela de una amiga mía. No hablo, pues, desde la distancia, sino que hablo desde la propia vivencia, esta mía, que ahora es la de todos.

Sanitarios, sociales, dependientes de supermercado y muchos otros trabajadores hormiguita que son invisibles, estamos cada día al pie del cañón, en las trincheras que  decimos nosotros, batallando por las personas, por el ser humano, no por el dinero, ni el poder, ni la posición social, sino por ti, la persona, y yo me pregunto … ¿Por qué no son estos los que tienen más importancia en nuestra sociedad? ¿Por qué no son estos los que están mejor valorados? ¿Por qué no son estos los que tienen mejores sueldos? Si justamente estos son los que nos mantienen realmente vivos.

Personal de los hospitales, profesionales del CAP, residencias, centros de menores, albergues de sin techo o los recintos feriales que se están abriendo ahora para la atención de personas positivas, donde el personal son personas como tú y como yo pero que están dispuestas a exponerse por unos sueldos bajos y con unas condiciones lamentables porque alguien, de arriba, o nosotros desde abajo, no hemos valorado suficientemente, no hemos hecho la presión suficiente o hemos dejado que un sistema político lleno de palabras vacías se hiciera cargo de todo.

Me pregunto por qué no tenemos políticos pequeños o grandes dispuestos a ir a estas trincheras o, cuanto menos, a desprenderse de parte de su sueldo o privilegios a favor de quienes están en la calle de verdad. ¿No estamos viendo quién y qué es lo más importante y necesario cuando el mundo se va a la mierda ??

En momentos como el actual, no necesito el último robot de cocina, no necesito un político que nos ha hecho ir esperando como si no pasara nada, hasta llegar al punto crítico donde estamos y no necesito un futbolista que cobra millonadas por chutar una pelota.

¡Amigos, amigas! Sinceramente pienso que el mundo nos está diciendo algo y lo que nos dice es que nos estamos equivocando en lo que hacemos, en lo que consideramos importante e imprescindible.

Algunos hablan de si hay alguna conspiración detrás de todo esto, yo realmente pienso que la conspiración es lo que había antes, o lo que desgraciadamente habrá después. Me hace sufrir que no aprendamos de todo ello, que volvamos a lo que creemos que es la normalidad, volvemos a consumir en lo que no es necesario, volvemos a viajar por el mundo sin tener en cuenta el desgaste que ello supone para él, volvemos a tener unos sanitarios y unos sociales que exponen su propia salud para el bien de todos, mientras el resto, seguimos preocupándonos, de nuevo, por nuestro propio ombligo; para conseguir llegar a esta felicidad impuesta de consumo, exigencia laboral y prioridades banales.

Me entristece pensar que todo volverá a esta normalidad egoísta y destructiva donde unos poderosos conspiran para que sea así, porque no nos damos cuenta de qué es lo que hay que valorar y quien debemos cuidar. Temo que con el paso de los días, todos, yo incluida, nos olvidemos de la fragilidad de la persona y del mundo, de la importancia de un bien común, de todos y no solo de uno.

Ante todo esto, no tengo la respuesta de que tenemos que hacer; está muy bien aplaudir los sanitarios a las 20:00, pero quien se acordaba de ellos cuando reclamaban más profesionales y sueldos o más inversión en sanidad pública ?? Pues no es solo ahora que son héroes, sino siempre y sobre todo en el día a día.

Por lo tanto, pienso que nos debemos plantar de alguna manera, decir BASTA, exigir, reclamar lo que realmente importa, porque ahora lo estamos viendo, por que todos juntos somos capaces de cambiar cosas, quedarnos en casa porque es necesario, pues de igual manera, juntos, deberíamos decir basta o simplemente redefinir las prioridades de nuestra vida, que seguramente pueden cambiar la vida de todos.

Somos el pueblo los que movemos el mundo, y escuchando la sinfonía de «Gladiator» que me ha inspirado mientras escribía, solo puedo terminar diciendo que si estamos juntos, es más fácil que sobrevivamos.

 

El viaje de 1.000 millas empieza con un primer pasoLao Tse
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